miércoles, 27 de marzo de 2013

Nuestra Semana Santa



Maravillosa marcha, se recomienda pulsar play.
 

Estimado lector, días de marchas procesionales. Daban  las once anoche mientras que conducía por la circunvalación desde el lugar donde trabajo a casa. Departía conmigo misma sobre validar o descartar la posibilidad de llegar, darme una ducha y volver a bajar a la ciudad para ver desfilar por las inmediaciones y llegar al templo, a una de las cofradías que atrapan mi atención, aquí en Granada. Si bien no pueda decirse que mis inclinaciones por unas determinadas imágenes se calibren en devociones, no soy devota de ninguna en particular, incluso me cuesta recordar nombres, horarios de salida y entrada, y así, datos concretos y relevantes sobre la actividad cofrade, en honor a la verdad siento cosas. Redundantes sensaciones que afloran, un año tras otro, al involucrarme en el fenomenal espectáculo, si se me permite una expresión tan poco ortodoxa como esa. Ciertamente, es toda la parafernalia congregada en torno a  las hermandades lo que hace de la Semana Santa una experiencia sensorial única en el mundo. Representados pasajes de la pasión de Cristo, marianos, y aderezos imagineros también de hagiología. Así mismo el cómo, el simbolismo detallista y barroco, en el sentido literal de la expresión, o austero y sobrio, según convenga, con el que se lleva a cabo, insisto, el místico y folclórico, trancendental, espectáculo de la Semana Santa española. Y de mi Sur variopinto, concretando. La misma que me atrapa, envuelve, eleva y deposita, con el sumo cuidado de la poesía mística. Es de recibo hacerte reparar, mi estimado, en un elemento que la enriquece de manera sustancial. La marcha procesional. Para mí es de lo más destacable. Una de las bandas musicales más exquisitas, si no la que más, es la perteneciente a la hermandad de la Esperanza de Triana, en Sevilla, cómo no. Sublime manera de interpretar las excelsas piezas, la de estos músicos. Claro que, en Sevilla, lo concerniente al ejercicio que me ocupa, cobra otro cariz. Argumentos no faltan. Los costaleros son profesionales, de modo que las tallas apostadas sobre los  tronos parecen que caminen realmente, a lo que contribuye el fervoroso pópulo, el cuál, jaleoso como pocos, saber dar a su Semana Santa el lugar que merece guardando, al paso de los tronos, un riguroso silencio que le hace a uno erizar el vello. Con todo ello la sugestión es mucha. Te aseguro que esas cornetas me subliman.
Aire cálido perfumado de azahar e incienso. Es nuestra Semana Santa. Es Sevilla, que imprime a todo un color especial...

 




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4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias por tu correo, Juan. Me ha encantado.

      Un beso.

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  2. Nunca he estado en una Semana Santa de Andalucía. Sien embargo, cuando pueda, lo haré.

    En Sevilla, últimamente, no tenéis suerte... Ha llovido. Una pena.

    Cuando veo los "Pasos" en la TV, me emociono. Al natural, sería una Magdalena.

    Un beso, Ann@

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  3. Por supuesto. Ya sabemos que Sevilla tiene un color especial, y todo lo que su luz ilumina se vuelve a su vez especial, como sus procesiones.
    Me impresionó la semana santa desde niño, y lo sigue haciendo. Tu crónica me ha traído recuerdos y hasta olores espesos levitando sobre las estridentes notas de las cornetas.
    Mi paz te dejo, mi paz te doy...
    Pd.- también un beso fuerte.

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