jueves, 7 de agosto de 2014

CARTA A UNA SEÑORITA EN PARÍS

Señalo este cuento de Cortázar, gentileza de Ciudad Seva, por tres aspectos sobresalientes. Por la descripción del apartamento en París (podría estar ahí dentro por días enteros), por unos conejos que me inquietan demasiado, (verán que su aparición hay que calificarla de magistral), y por el punto y final, que me deja fantaseando con otros desenlaces.
Setefilla


Carta a una señorita en París

Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar... Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafío me pase por los ojos como un bando de gorriones.
Usted sabe por qué vine a su casa (seguir leyendo)



Mejor con tu opinión, gracias.

12 comentarios:

  1. Sete: Gracias por rememorar este texto de mi escritor favorito. Siempre es un placer volver a leer al genio de Cortazar. Un abrazo

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    1. Quién escribiera como él.
      Me alegra leerte, Osvaldo.
      Besos.

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  2. Gracias por compartir preciosa Sete.
    Leer algo Cortazariano es con frecuencia tener un trance de lectura que nos hace admirar los mecanismos con los que hace malabarismo en su mente. El narrador interno que aquí expone el maestro muestra un valor desbocado confesando el destrozo causado por los conejos.
    Es el tipo de lectura que provoca volver a visitarla cada equis tiempo.
    Besos.

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  3. Subrayo todo lo que dices, Carlos. La metáfora de los conejos mantienen la tensión narrativa, es un recurso fantástico. Para releer,sí.
    Un besote, amigo.

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  4. TREMENDO TEXTO, TREMENDO ESCRITOR. UFFFFFFF. GRACIAS POR COMPARTIR.
    UN ABRAZO

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    1. Gracias a ti, por acudir al llamado de Cortázar.
      Besos.

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  5. Cortázar me enseñó a ver la realidad de otra manera y ahora ando entre dos mundos, mi bella Sete. Como hace mucho calor en mi casa salgo al pequeño balcón trasero y allí me siento a leer. No te lo vas a creer, pero desde allí veo a mi vecina (que nos saludamos cordialmente pero no hemos hablado nunca). Ella tiene como mascota a tres o cuatro conejos. Al principio me chocó un poco esta extravagancia porque aquí todo el mundo tiene perros. Sin más, le pregunté el otro día si los había vomitado. Me miró algo extrañada y después se puso a reír. No me respondió y estoy totalmente convencido que no ha leído el cuento de Cortázar. En fin, escribí un cuento sobre lo que te he contado. Cortázar de nuevo.

    Besos y un fuerte abrazo, mi querida y bella amiga.

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    1. Francisco, ¿en serio? "Hola, qué tal, y los conejos qué ¿los has vomitado...?" jajaja, hay que ver las cosas que se te ocurren. No es tan extravagante tener conejos, hombre. Lo verdaderamente extravagante es que le pregunten a uno si los tiene por haberlos vomitado...jeje.
      Otro cuento de Cortázar que me gusta mucho es "Después del almuerzo", creo que es el título. Miraré en tu blog a ver si encuentro el cuento tuyo que citas.
      Gracias por el ratito, amigo.
      Un abrazo.

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  6. Qué genialidad has posteado, Sete!!! Leer a don Julio es entrar en un mundo absolutamente fascinante. Es como entrar a una realidad paralela y experimentar emociones múltiples: sorpresa, admiración, temor, realidad, fantasía, locura, cordura... Muchas gracias por compartir este regalo! Un beso grande, guapa! Ups! Creo que estoy viendo un rabo pequeñito en el costado del sofá! ;-)

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    1. Me gustan sus relatos por su calidad narrativa y por las cosas que nos cuenta, Bee. De su obra aún me falta mucho por leer. Ay, la fiebre del conejo...
      Gracias por pasarte por aquí, amiga.
      Abrazos.

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  7. Inmenso! Gracias por hacernos recordar...

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    1. Gracias a ti, Anna, por acercarte y llevártelo.
      Besos.

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