lunes, 7 de octubre de 2013

A LAS CINCO LOS VIERNES






Marca el reloj las cinco en punto cuando se ve a lo lejos la locomotora del tren aproximarse. Peter, aprisa, da la vuelta al cartelito para que desde fuera de la ventanilla pueda leerse “no tickets left”. Solo de esta forma se asegura de ver la bajada del pasaje al completo desde adentro de la taquilla, y sin interrupciones. Tras dudar un instante, enseguida repara en que es viernes, y que todos los viernes, a excepción del último del mes, Lana viaja en el tren de las cinco, cuando, oteando el hormigueo de pasajeros, la ve apearse en el andén número seis. Allá, la dama viajera organiza sus enseres y Peter desde su escondrijo no duda, tiene la certeza de que es ella, conoce muy bien su silueta recortada entre los raíles. Entonces apoyando los codos sobre el mostrador y la cabeza sobre las palmas, se dispone a la total observación de la mujer. Cada movimiento de los brazos, talle, o piernas que procura la fémina, supone el deleite del vendedor de billetes. Esta vez lleva las medias negras de costura central, y los mismos zapatos de tacón que el día que la avistó por primera vez, un viernes inolvidable dos años atrás. El abrigo de estola color burdeos con que apareció tres días más tarde del viernes aquel en que faltó del tren de las cinco; Peter quedó inquieto el resto de la jornada e incluso le fue imposible conciliar el sueño esa noche, no le quedó otra alternativa que suponer que Lana no tomó ese tren por enfermar su madre, y tener que permanecer junto a ella para preservar su salud. La falda tubo color verde oscuro que llevó hacía tres semanas, a juego con el sombrerito encantador que estrenó ese mismo día. Peter, además de estar empleado en la estación de ferrocarril, es un hombre que adora los hoyitos de la sonrisa de Gretchen, su mujer, y cualquier momento de ternura propicia rememorarlos. Como el día de su cumpleaños, cuando la obsequió con un abrigo similar al que trae hoy Lana, después de todo llevan casados treinta años. Un empleado de la estación de ferrocarril, que además fantasea cada viernes con una pasajera desconocida llamada Lana. Uno de los viernes que la observaba en el andén combino que debía de llamarse Lana, por la manera armónica en que encajaban sus ojos y labios en el óvalo del rostro. Fue la misma tarde en que, tras desaparecer de su vista, la imaginó bailando swing en Spring St., en un bar popular al que concurren burguesas distinguidas, unas que huelen muy bien y fuman del extremo de pitilleras larguísimas con súbita elegancia. Nunca la ha visto fumar, pero sabe que lo hace porque una vez en el andén número cinco dejó caer de su bolso una cajetilla de cigarettes Philip Morris. La imaginó también llegando a casa de madrugada con un mechón despeinado sobre la frente y las mejillas muy sonrosadas. Y otros días la hace subir a un Cadillac brillantísimo y escapar al lecho conyugal con Roger. Supone que en la vida de una mujer deseable como ella, debe forzosamente de haber un Roger conspicuo, uno que se afila la punta del bigote mirando el trasero de su Lana estrecharse contra la falda de tubo color verde oscuro. 

Restan tres horas para que finalice la jornada del vendedor de billetes de tren, luego de que el amante acérrimo haya seguido una vez más la figura de sus anhelos hasta diluirse esta al fondo de la estación. Tiempo que le permite situar a la recién extinguida en la cumbre de sus deseos indefinidas veces. A cada encuentro semanal con Lana, Peter tiene en cuenta decirse a sí mismo al menos una vez, lo extraordinario de tener una esposa como Gretchen, lo feliz que es a su lado y la ausencia de razones para no serlo. Pero, necesita la chispa relumbrante de Lana, la ama cada viernes desde hace dos años y le aterroriza pensar que un día no bajara del tren de las cinco desapareciendo de su vida para siempre. Cuando piensa en ello resulta presa del abatimiento y hasta se ve protagonizando un cuadro de Hopper. La suma de los días me encontrará sentado en una silla, a solas, agotando una botella de bourbon en el interior de un destartalado apartamento del Bronx, y sin que nadie más salga en el cuadro. Mi amargura retratada a lo Hopper, vaya cosa. He oído decir que el porvenir será de los artistas. Qué demonios, en este momento Hopper me parece un tipo detestable.
Al llegar a casa Peter siente el corazón famélico, deberá esperar seis días para encontrarse de nuevo con la desconocida. La adorable Gretchen lleva un rato esperándole, así que le aborda en el hall tomándole de la mano y comunicándole en voz bajita que hay una visita en el salón. 
─Querido, esta es Norma, se quedará unos días en la ciudad. 
Frente a Peter, junto a sus enseres de viaje, Lana sujeta una tacita de té y sonríe.


Setefilla Almenara

Edward Hopper
Mejor con tu opinión, gracias.

11 comentarios:

  1. Queridos míos, cada trabajo plantea un reto, quizá este haya sido mayor, espero que resulte de vuestro agrado.
    Buenos días a todos.

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  2. UFFFFFFFFF, QUÉ FINALLLLLL. EXCELENTE RELATO.
    BESOS

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    1. ¡Hey Relthi, infinitas gracias por pasar a leer y comentar!
      Mas besos para ti.

      Sete

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  3. Respuestas
    1. Recomenzar, encantada de que me visites de nuevo, muchas gracias.

      Un saludo
      Setefilla

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  4. Un final sorprendente por lo inesperado de la situación que no deja indiferente a nadie.
    El relato está muy bien narrado y ambientado de manera brillante. También resulta sencillo entender y hasta empatizar con el protagonista, no es mala persona ni infiel, tú te encargas de dibujarlo muy bien.
    Buen trabajo, niña, felicidades.
    Un beso fuerte.
    Esteban.

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  5. ¡Esteban, ese final ha dado lo suyo, ya sabes! Hey, según lo planteas, de aquí a la nominación de los suecos, un paso chiquitillo... jaja; si es lo que yo digo, que pones toda la intención en la lectura, y claro, con lectores tan sagaces como tú, una tiene que afinar todo lo que pueda para dar la talla.

    Un B E S A Z O y un GRACIAS.

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  6. Por un momento sentí que estaba leyendo un relato de John Cheever, pero no porque crea que lo imitas, sino porque está muy bien localizado en tiempo y espacio, y hace que uno acabe tomando partido por cierto personaje.
    Un beso.
    HD

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    1. Buenos días, Humberto, muchas gracias por dedicar algo de tu tiempo (sé que no te sobra) para visitarme. Me gustaría que hubieras dicho con cuál personaje has empatizado.

      Un besote

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  7. Qué buen relato, Sete! Permíteme felicitarte con mucha alegría porque hacía rato que no leía un texto que me atrapara de comienzo a fin. Está muy bien tejido, es imposible no querer a Peter, que está -indudablemente- atrapado entre estas dos mujeres, que le aportan a su vida el condimento necesario. El final es a toda orquesta y juro que no lo vi venir. Un plus genial para redondear una historia muy bien contada. Abrazos y felictaciones otra vez!

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  8. ¡Hola Bee! me alegra mucho recibirte, pero aún me alegra más que te haya dejado tan entusiasmada esta lectura, máxime tratándose de ti; una magnífica contadora de historias como eres.
    Ven cuando quieras, mil gracias por leer y comentar, recomendarme en tu blog, e inscribirte aquí. Seguiré leyéndote, me gusta bastante tu estilo.
    Un abrazo
    Sete

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