miércoles, 19 de febrero de 2014

Lo más importante era que llovía


Montserrat Gudiol



Ella le había escrito por la mañana para contarle todas aquellas cosas. Lo más importante era que llovía, él lo entendió enseguida porque conocía los códigos. Recordó la pregunta aquella otra vez, ¿podrás soportar la lluvia sobre la ciudad?, se la hizo antes del último abrazo al despedirla en la estación de tren, cuando aún era verano. Aquel maldito tren la llevaría en dirección opuesta a él, lejos. Ella sonrió un poco y abrió mucho los ojos. El mail de esa mañana habría sido un correo más de no ser porque mencionó algunas cosas, como lo de la lluvia. Ambos saben que no es una ciudad fácil de soportar cuando llueve sobre ella y uno está solo, cuando se lleva el amor como quien lleva un enano mudo a la espalda y entonces mira la increíble belleza de una catedral gótica mojada, y a los artistas de la calle les da, a saber porqué, por tocar baladas de rock, y uno está allí echado a la calle y no hace más que recordar al otro. La ciudad gótica, los músicos no lo saben, no pueden saberlo porque no están enamorados de ella como lo está él. No conocen la naturaleza de ese dolor, que es un dolor despacioso, como cuando te golpeas un codo estando con desconocidos, se aprietan mucho los dientes para no dejar ver a los otros lo que se sufre. Después de leerlo sabía muy bien lo que ella quería, conocía los códigos, sabía que había ido a Pza. Markt a comprar chocolate del negro y que al regresar al apartamento de alquiler había encendido la tele dando pellizcos a las onzas, y había echado de menos una película de Paul Newman. El asunto de ella con el chocolate no aparecía en el mail, pero no tenía que leerlo porque era un mensaje muy cuidado, diciendo sin decir y él entendió. Quería que la llamara en mitad de aquella soledad, descolgaría el teléfono y al otro lado al fin su voz, solo necesito oír tu voz, se lo había dicho algunas veces al teléfono desde que subiera al maldito tren con destino a la ciudad gótica. En ese momento se acordó de los juegos. Quería jugar también esta vez, traerla un poco a su lado. Recordó la ocasión en que le escribió mensajes tontos en las paredes del piso con rotulador invisible, a oscuras ella debía ir descubriendo las palabras acercando una lamparita de esas de luz ultravioleta, leía con expectación y al llegar a las palabras finales estallaba en carcajadas, estás chiflado…Ella quería que la llamara pero no lo hizo, en cambio, telefoneó a varias personas ofreciendo una excusa y tomó un tren. Mientras pensaba en los juegos de dos, en los códigos que solo pueden ser de dos sin desnaturalizarse, a bordo del tren, de madrugada, penetraba en la capital gótica y mojada. Ella era consciente de que había sido un día cruento, esta vez había llorado mucho, la lluvia sobre las cresterías había ido demasiado lejos. Cuando abrió la puerta aún tenía chocolate en el labio inferior. Él estaba allí bajo el umbral. Estaba y la llamaba finalmente con voz suave, Silvia. ©



Setefilla Almenara J.

Mejor con tu opinión, gracias.


21 comentarios:

  1. Queridos lectores, subo lo último escrito, recién sacado del horno.
    Eespero que resulte de vuestro agrado.
    Un abrazo.
    Setefilla.

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  2. ¡Que bello Setefilla!!!!!! Todo un código de amor y la lluvia y el encuentro, me gustó. Un abrazo

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    1. Muchas gracias también por aquí, Osvaldo. Por cierto, ya te he enviado la solicitud.
      Otro abrazo, nos leemos.
      Setefilla.

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  3. UNA HISTORIA DE CÓDIGOS DE VERDADERO AMOR.
    BESOS

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  4. Gracias Reltih, y hay tantos códigos diferentes como parejas existen, ¿cierto?
    Fuerte abrazo.
    Sete.

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  5. Qué bonito... He leído y releído este texto con mucho agrado y la verdad es que se me hace muy breve. Me parece el comienzo de una novela romántica; esa que algún día te animaras a comenzar, y justo cuando termina esperaba un guión largo iniciando un diálogo entre sus protagonistas.
    Me gusta el toque nostálgico que le das a ese encuentro y la sensualidad y elegancia de la escena, que yo imagino tintada con un velo de color sepia.
    Me ha encantado esta lectura y hasta me ha inspirado una metáfora que algún día emplearé...
    Besos entre la lluvia.
    Esteban.

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    1. Esteban, ahora que lo pienso creo que este relato podría ser el inicio o el final de una novela, ¿no te parece? Es verdad, podría haber seguido con los diálogos, pero he sentido que tenía terminar con la sugerencia del encuentro, así se estimula la imaginación del lector.
      Muchas gracias por tu comentario.
      ¡Un abrazo!

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  6. Precioso Sete. Muestra la telepatía del corazón.
    Besos en todo clima.

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    1. Muchas gracias por tu visita, querido Carlos.
      Un abrazo.

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  7. Una historia de amor mojada y remojada. ¿Por qué será que la lluvia tiene entre quienes se aman un significado especial? Grato leer bajo la lluvia tropical tus historias. Un abrazo cálido acompañado de un beso.

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    1. ¡Guillermo, una alegría recibirte otra vez!
      Gracias por leer.
      Otro abrazo.

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  8. Tengo que entrar en ese mundo de códigos, que lo tengo un poco abandonado. Gracias por tu cordialísimo comentario.

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  9. Hola, Sete. ¡Qué manera tan bella de hablar del amor! Pero sobre todo tan original. Una historia de códigos entre amantes. Qué maravilloso es cuando eres capaz de entenderte con la persona amada con un gesto, una patadita, un guiño... Es la comunicación perfecta.
    Me ha encantado.
    Un beso.

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    1. Bello y original, me gusta tu apreciación, amiga. Muchas gracias por acercarte y comentar.
      Un gran abrazo.
      Sete

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  10. Pues tiene razón Esteban, esto da para una novela completa, pero también como relato funciona de maravilla.

    Un abrazo.

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    1. Alberto, ahora leyendo tu nombre completo entiendo lo de Alpana, jeje. En cuanto a la novela lo he dicho aquí algunas veces, me temo que soy demasiado inquieta como para escribir una, conociéndome, al segundo capítulo me hubiese aburrido...
      Un beso.
      Sete

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  11. Todo tiene un porqué, jeje.
    Pues no pareces inquieta, la verdad. Tus textos al menos suelen transmitir mucha calma. Además, ten en cuenta que no hay plazos que cumplir. Da igual un año que cinco.

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  12. Narrativa en suavidad con palabras que entran a espacio musical en su lectura.
    Los trenes y los viajes tienen un gusto especial, como que en tren se piensa más que en el coche.
    Con la gracia de lo breve que nos deja libertad a contemplar lo que no se dijo.
    BESOS y que sigan tus preciosas letras.

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    1. Viajar en tren nos sitúa en un plano cinematográfico, novelesco, poético.
      Muy agradecida por tus palabras, amigo.
      Un abrazo.

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  13. Estupenda narración. Es todo un placer leerla. Felicidades, Setefilla. Un abrazo.

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