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domingo, 26 de julio de 2015

ANOTACIONES DE SUPERFICIE (I)



Días hay muchos. No sé si decir días o momentos. Este mío de ahora es un momento para la decepción. Se tiene que convivir también con la decepción. Dicen que no es de higiene mental hacerse el sueco, hacer ver a uno mismo que no existe tal afecto, o que existe solo en gente sentimental o en sensibleros que uno quiere lejos. En cambio, a ese perro callejero que es la decepción conviene darle paso cuando araña nuestra puerta con su zarpa. La cuestión es hacerle pasar y cubrir las necesidades que presenta el chucho. Unos mendrugos de pan para la panza y unas pocas palmadas en el lomo van a ser suficientes. Después cada uno por su camino. Una es de esos individuos que ponen una cota significante de ilusión, habrá quien diga desproporcionada, en asuntos que otros han dicho harán posible. Considero que sé esperar, tener paciencia sin perder la alegría de quien bien espera, agradecida en mi adentro. Espero una semana, dos, cinco, algunas más sin incomodarme. Pero, se conoce que damos a cada asunto un determinado espacio de tiempo en el que mantener vibrando la cota de ilusión, expirado este no hay más que podamos hacer. No se gobierna la ilusión, está o no está. He puesto mi parte pero la otra persona no ha resuelto la suya en el tiempo estimado. No todavía, es probable que lo haga, puede que no. Si al fin resuelve el tema sepa que no me quedan fuegos de artificio con que festejar. Siquiera decepción casi, tengo que decir que el chucho se va alejando lento, con paso firme.


Foto; Setefilla Almenara




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